
Aquí estoy tomándome una polarcita, para los amigos machos vernáculos debe ser extraño.Pero sí, (no he hecho la tarea de las 5 cosas que no saben de mi, disculpas a mi amiga de la Guachafa, no me he inspirado) me encanta la cerveza, y la polar mas que ninguna, solo una holandesa ha podido acercarse pero que va, me quedo con el sabor a Venezuela.Estaba chateando con Laura una venezolana casada con un holandés que vive en Francia, que mezclote comadre, jajaja le comentaba que hoy es viernes de recuerdos, no se... hoy es un día en el que he visto a Venezuela desde el lado bonito, coño que recuerdos tan bellos guardo de mi patria querida (escoñetadita si ) pero mía.
Me acuerdo cuando me iba con Juan (cuando todavía eramos novios) a Morrocoy, la verdad es que yo en mi vida conocí nada mas bello que ese parque ( en cuanto a playas se refiere) bueno si también en Venezuela, porque Aruba será Aruba , y Acapulco será Acapulco, pero Morrocoy es Morrocoy.Confundíamos días y noches, no estábamos seguros nunca si amanecía o era el atardecer, entre risas y sueños pasábamos los fines de semana sin querer regresar a la gran ciudad, en fin el agua cristalina nos permitía ver la felicidad de frente reflejada en nuestros rostros.Extraño aquellos días que aún llenan mi vida de satisfacción.
Recordaba mis excursiones por la Laguna Negra, El pico Bolívar, la Laguna de Mucubají, el Pico el Águila, con aquel "calentaito" sabroso que nos quitaba el frío, o el "chirrinche" bebida que como decían las baquianas amigas mías: el primer trago te sabe a mierda, el segundo ya no tanto, y al tercero ya no sabes que es lo que estas tomando! es una bebida que hacen en Maracaibo (según ellas) con unas hierbas asquerosisimas, pero les digo que de verdad al tercero ya no sabe ni mal la cosa, en fin tantas cosas hermosas del estado Mérida...
La Hacienda los Manantiales, en San Diego de los Altos, donde cogía las estrellas con las manos y las regaba en el patio sin fin que tenía la hacienda, donde la vista no alcanzaba a ver el límite de las tierras.Donde cada mañana podías escuchar el trinar de los pájaros mas extraños y hermosos, donde leíamos a luz de velas porque no existía la electricidad, donde la poesía se adueñaba de las noches, donde el frío se convertía en el mejor aliado para no dejarnos dormir y compartir todos esos cuentos de caminos, la nevera funcionaba con kerosene y llegar allí costaba una media hora en Jeep.
Dígame la Península de Paragüaná, dios mio que belleza, acampar allí es de gente con suerte en la vida, definitivamente he tenido mucha suerte.Allí nos reíamos mucho porque se escuchaba una emisora de Curazao (papiamento) ahora para mi es cotidiano escucharlo, pero en aquel entonces era época de burlarse de todo, hasta de la mamá de uno,jajajaja.La arena es tan suave que sería incapaz de hacerte daño y el agua templada que cubría el calor de aquellos días.
Le estaba preguntando ami amiga Yolanda Díaz el nombre de un sitio que me mató en Mérida y se me fue de la mente, pero la muy pajua no me responde , así que se los diré en mi próxima entrega turística.
Bueno no les contaré mas nada por hoy, creo que las lagunas polares están viniendo muy seguido, jajaja será hasta la próxima amigos.